Contaminación Transgénica
del Maíz Indígena Mexicano
CIEPAC
30 de enero del 2002
Chiapas al Día, No. 275
Chiapas, México - La contaminación transgénica ya
ha llegado a extremos peligrosos en el maíz indígena
mexicano. Está ya acelerándose la pérdida de la
soberanía alimentaria no sólo de las comunidades
indígenas, sino del país. En algunos de los Boletines
"Chiapas al Día" de 2001, se ha hablado ya sobre los Organismos
Genéticamente Modificados (OGM's). En ellos se explicó
que los transgénicos implican la transferencia de un gen de una
planta, animal, microorganismo (bacteria o virus), hasta de seres
humanos, a otro organismo con el fin de incorporarle la
característica determinada que proporciona ese "gen", y que se
puede ir heredando a sus descendientes. Por ejemplo, compartirle a
otro ser vivo un "gen" que le de un color o tamaño determinado;
o para acelerar el crecimiento o aumentar el peso. Hay otros productos
transgénicos para agregar una determinada calidad
nutritiva. Los resultados son producto de la ingeniería
genética que crean organismos que no podrían existir en
la naturaleza bajo condiciones normales. Las empresas que desarrollan
estos productos transgénicos mantienen en su discurso que son
necesarios para combatir el hambre, reducir el uso de las
agroquímicos, aumentar las cosechas y promover la
biodiversidad. Sin embargo, es todo lo contrario.
La mayoría de los cultivos transgénicos están
diseñados para promover los productos agrotóxicos de la
misma empresa. Cerca de 73% de los cultivos transgénicos
actualmente sembrados están genéticamente modificados
con una resistencia a un herbicida, producida por la misma empresa que
produce la semilla transgénica. El herbicida más
común en este caso es el glifosato de la marca "RoundUp" de la
empresa Monsanto. En México se conocen como "Ranger", "Faena" y
"Rival". En algunas comunidades indígenas ya han comenzado un
proceso de información y resistencia a utilizar estos
productos.
Al restante 26% de los cultivos transgénicos, se les ha
incorporado genes de una bacteria llamada Bacillus thuringiensis (Bt),
que existe naturalmente en el suelo y que segrega una sustancia que
mata larvas de un grupo grande de insectos. Este insecticida natural,
usado por los agricultores desde los años 1920, ha sido
patentado y apropiado hoy por las empresas transnacionales para crear
cultivos transgénicos con genes Bt, que conlleva los siguientes
riesgos: posibilidad que los insectos desarrollen resistencia a esos
cultivos transgénicos; o que estos cultivos Bt eliminen a
insectos necesarios para la biodiversidad. Las toxinas de Bt
podrían incorporarse al suelo a través de los restos de
los vegetales, pudiendo tener efectos negativos en los organismos del
suelo; y, además, podrían moverse a través de las
cadenas alimenticias. En los Estados Unidos (EU), alrededor de 30% del
maíz es genéticamente modificado con el pesticida Bt. Y
recordemos que anualmente México importa millones de toneladas
de maíz de los EU, y empresas como Maseca usan este maíz
para sus productos industriales. Por cierto, el año pasado la
empresa Archer Daniel Midland adquirió el 22% de las acciones
del Grupo Maseca (Proceso 1301; 17 octubre 2001). Por otro lado, el
maíz Bt es uno de los cultivos transgénicos usados
más ampliamente en los EU y no ha causado la disminución
de la aplicación de pesticidas, sino que su uso ha seguido al
mismo nivel desde su introducción comercial hace 6 años.
Alrededor de 6.2 millones de hectáreas de maíz Bt fueron
sembrados en el año 2000.
La toxina Bt ha sido usada ampliamente en al fumigación desde
hace décadas y es considerada aceptable bajo regulaciones
orgánicas cuando hay un problema de peste. El Bt se descompone
rápidamente limitando el desarrollo de resistencia por parte de
las pestes; es más barato y no es tan peligroso como los
insecticidas sintéticos. En el caso que se desarrollase
resistencia, se cambia la forma o empleo de su uso. De hecho, no hay
evidencia de que el uso mitigado del Bt haya desarrollado
resistencia. Sin embargo, la versión transgénica del Bt
es diferente porque está presente en cada célula de cada
planta (raíces, hojas, granos, tallo y polen), por largo tiempo
e independientemente si hay peste o no. Hay varios estudios que
demuestran que los niveles de residuo de la toxina bacteriana quedan
en el suelo hasta 234 días después de la cosecha, pero
en sus primeros 6 años, los transgénicos Bt sí
han causado el desarrollo acelerado en pestes. En los EU se han creado
estrategias para mitigar el desarrollo de resistencia, tal como la
creación de refugios de cultivos "no-BT", pero no ha sido
implementado con mayor eficacia.
Hay miles de variedades de plantas y su diversidad genética
refleja la diversa geografía, naturaleza, clima, tierras y
microregiones, que dan distintos sabores, colores o resistencias. Sin
embargo, los organismos genéticamente modificados son
genéticamente idénticos en cualquier parte. El Bt
está diseñado para un gusano, el barrenador europeo,
Êque sólo existe en Europa y los Estados Unidos. Y más
preocupante es el impacto del Bt sobre la población "no blanco"
como la mariposa monarca y otros insectos "beneficiosos". No se sabe
todavía el impacto sobre otros insectos, animales y luego los
humanos, que forman una cadena en red de interdependencia. Los
impactos implican, no solo el colapso del ecosistema al nivel local,
sino regional o más amplio todavía. Es más,
además de afectar los organismos "no blanco", también
afectan los enemigos naturales de las pestes, destruyendo el
equilibrio del ecosistema. En lugar de promover un sistema integrado
del manejo de pestes, que respete el ecosistema, y que sobre todo
mantiene bajo control los pestes, los OGM's crea un campo casi
estéril y susceptible a más pestes todavía.
Hay ejemplos de impactos dañinos en la salud humana de soya
genéticamente modificada con la nuez de Brasil. Por su lado, el
Ministerio de Alimentos y Medicamentos de los EU ha admitido que no
entienden totalmente las alcances de OGM's y la salud humana. En el
caso de la Asociación Médica Británica se ha
pronunciado por una moratoria sobre todo tipo de alimentos
genéticamente modificados hasta que haya más
investigación.
Hasta la fecha, no existe ningún cultivo transgénico
comercial que busque mejorar el rendimiento. Todos están
diseñados con un insecticida (cultivos Bt), que sean
resistentes a una marca específica de herbicida (en su
mayoría, Round Up-glifosato de Monsanto), o para retardar el
proceso de maduración (ejemplo: jitomate Flavorsvr).
Además, todo los OGM's están protegidos por patentes,
por lo cual para su uso se requiere pagar una regalía anual a
la empresa, por usar su "tecnología". Así, comentarios
de que la contaminación "mejorará la biodiversidad", que
"es sólo flujo de genes" y que "reducen los costos de
producción" con los transgénicos, confunden y son
falsos.
El anuncio de la contaminación genética del maíz
mexicano vino después de una serie de eventos preocupantes:
- El año pasado, 200 millones de costales de maíz
contaminado de una variedad de maíz transgénico, el
StarLink de la empresa transnacional Aventis S.A., por no ser aprobado
para el consumo humano debido al riesgo de provocar reacciones
alérgicas, tuvo que ser destruido.
- La empresa biotecnológica estadounidense Monsanto ha
demandado a más de 400 campesinos/granjeros de los Estados
Unidos y Canadá por guardar sus semillas transgénicas
patentadas por la empresa. El campesino canadiense, Percy Schmeiser,
fue demandado por que en su tierra creció una planta
transgénica que se contaminó de las tierras del vecino
quien sí le compró la semilla a Monsanto.
- El "Programa Comida para la Paz" de los Estados Unidos (EU), ha
sido denunciado por ONG's como Acción Ecológica, ya que
la contaminación genética está siendo destinada a
varios países como ayuda alimentaria a Bolivia, Colombia y
Ecuador, enviando maíz y soya con altos niveles de
contaminación de hasta un 90%. Las empresas transnacionales
están avanzando en romper la capacidad de los países y
pueblos en generar sus propios alimentos.
- El 15 de octubre de 2001, la Agencia de Protección
Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) de los EU,
anunció la aprobación del maíz transgénico
Bt por 7 años más. La EPA no tomó en cuenta
nuevos reportes sobre los impactos alergénicos del maíz
Bt, la ineficacia de los cultivos, ni estudios de impacto
ambiental. Las empresas que cuentan con variedades de maíz Bt
todavía disponible son Syngenta, Monsanto, Pioneer/DuPont y
Dow, mismas que distribuyen sus semillas en Chiapas por medio de los
programas gubernamentales. La aprobación se hizo a pesar de las
protestas que realizaron varias organizaciones y redes de la sociedad
civil quienes advertían de los peligros sobre la biodiversidad
y la salud humana.
- El informe anual del Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) se convirtió en un fuerte defensor de los
transgénicos y de las empresas transnacionales de
agrobiotecnología. El PNUD planteó que los cultivos
transgénicos son la única alternativa para los
país subdesarrollados para proveer alimentos y cuidar el medio
ambiente, y no como una tecnología inmadura, con fallas y
peligros intrínsecos. El informe representó en
términos muy claros el apoyo de la ONU, bajo Koffi Anan, a las
multinacionales.
- El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA)
anunció el permiso de la tecnología "Terminator" con su
socio del sector privado Delta & Pine Land y sus tres patentes. Esta
tecnología diseña semillas genéticamente
modificadas para producir semillas estériles y no dejar a los
campesinos la posibilidad de guardar su cosecha y resembrar. La
empresa Syngenta también anunció en Julio de 2001 que
llevaría a ensayos de su variedad "Traitor", rompiendo su
promesa de no comercializarla. El discurso de las empresas
biotecnológicas ha cambiado con la contaminación del
maíz mexicano: ahora hay que promover la tecnología
"Terminator" no para evitar que los campesinos guarden sus semillas,
sino para prevenir la contaminación de genes no deseados. Cabe
de mencionar que mil 400 millones de campesinos dependen de sus
semillas guardadas para sobrevivir.
La Contaminación del Maíz Mexicano
El 18 de septiembre de 2001, la Secretaria de Medio Ambiente y
Recursos Naturales (SEMARNAT) confirmó lo que muchas
organizaciones de la sociedad civil temían: la
contaminación genética del maíz mexicano. La
"contaminación genética" implica la incorporación
de genes foráneos hacia organismos (cultivos) naturales o
criollos, que no se puede realizar sin la ingeniería
genética. Aunque la ingeniería genética suena muy
desarrollada, en la práctica es bastante imperfecta e
imprecisa. El descubrimiento del maíz contaminado fue a
raíz de una investigación de la Universidad de
California en Berkeley encabezado por Dr. Ignacio Chapela, quien lo
comunicó a funcionarios del Instituto Nacional de
Ecología (INE) y la Comisión Nacional para el
Conocimiento y uso de la Biodiversidad (CONABIO) en Mayo de 2001.
Chapela y su equipo tomaron muestras de maíz en octubre y
noviembre de 2000 en la Sierra Norte de Oaxaca y de una tienda de
Diconsa. A pesar de sacar muestras de zonas retiradas, los resultados
mostraron una contaminación genética considerada alta,
entre 3 a 10%. Las frecuencias de contaminación son tan altas
que más que un incidente local, es nacional. Las muestras
fueron comparadas con muestras antiguas de la Sierra Juárez
oaxaqueña y del Valle de Cuzco en Perú. Las dos
muestras salieron negativas. Los resultados fueron publicados en la
prestigiosa revista Nature en noviembre de 2001 pese a la fuerte
crítica por parte de la industria biotecnológica y otros
científicos.
El INE y la CONABIO realizaron muestreos en Oaxaca y Puebla para
confirmar los resultados de la investigación de Chapela y
Quist. (Se puede ver el documento "Evidencias del flujo
genético desde fuentes de maíz transgénico hacia
variedades criollas" en www.ciepac.org, capítulo de
biodiversidad; o en www.laneta.apc.org/biodiversidad). Las muestras
fueron divididas entre el Centro de Investigaciones y Estudios
Avanzados (CINVESTAV) y el Instituto de Ecología de la UNAM.
Ambos tomaron muestras de 20 localidades en Oaxaca, 2 en Puebla, y
finalmente de la tienda de Diconsa en Ixtlán de
Juárez. Los resultados del CINVESTAV fueron entregados el 14 de
septiembre de 2001. Su informe declaró que 15 de 22 localidades
mostraron evidencia de materia transgénica; y 11 localidades,
del Valle de Tehuacán y la Sierra Norte, mostraron entre 3% a
13% de semillas contaminadas. Sin embargo, cuatro localidades
mostraron niveles de contaminación genética
significativamente más alta, entre 20% y 60%. Estas localidades
se encuentran en los municipios de Ixtepeji y Tlalistac, en los Valles
Centrales; Nochixtlán, en la Mixteca, y Santa María
Ecatepec, en la parte sur de la Sierra de Juárez. En la muestra
tomada en los almacenes de Diconsa en Ixtlán de Juárez,
el 37% de los granos dieron resultados positivos. Sin embargo, los
resultados de la UNAM siguen en espera.
Existen varias hipótesis sobre la fuente de contaminación:
- Contaminación genética del maíz importado de
los EU: México importa alrededor de 6 millones de toneladas de
maíz de los EU cada año, de los cuales aproximadamente
un 33% es maíz transgénico, mezclado y no etiquetado.
Maseca lo usa para la elaboración de productos industrializados
y para la elaboración de tortillas.
- Migración de gente de los EU: Históricamente, muchos campesinos que
han trabajado de manera temporal en los EU han intercambiado semillas.
- Contaminación antes de la moratoria en 1999: A pesar de la
política nacional de una moratoria de ensayos de maíz
transgénico desde 1998, la política solo tocó el
cultivo y no la importación del grano para el consumo
humano. La Unión Europea, junto con Japón, han prohibido
la importación de maíz de los EU debido su falta de
etiqueta y su segregación. Sin mercado externo y con mucho
maíz transgénico, los EU aprovechan las políticas
"relajadas" de otros países como México para exportar
sus productos. La semilla (grano) importada de los EU debe pasar por
un tratamiento de calentamiento. Sin embargo, en un estudio llevado a
cabo a finales del 2000 mostró que del 80-90% de las semillas
pudieron germinar, o sea contaminar en caso de cultivarse. Pero lo
más preocupante es que la moratoria del cultivo del maíz
transgénico en México se vence en abril de 2002. Las
comunidades indígenas tienen que plantear urgentemente una
estrategia para evitar la contaminación de sus tierras.
Los transgénicos implican, por naturaleza, el desplazamiento de
variedades locales. Para México es extremamente serio y ya
existe el primer caso de contaminación genética de un
centro de origen de una planta, en este caso el maíz
indígena de Oaxaca. En México, la contaminación
genética representa una amenaza no nada más para la
cultura y medio ambiente, sino para la seguridad alimentaria. Cientos
de millones de personas dependen del maíz como su fuente
principal de alimentos. La contaminación genética en
centros de origen, sin importar la frecuencia, puede tener impactos
mayores cruzando con variedades locales y silvestres, a pesar de que
el polen de maíz es considerado "pesado"; además de
amenazar la sobrevivencia de especies silvestres en centros de origen,
en este caso el teosinte. El hecho de que México comparte la
frontera con los EU, el país con la mayor nivel de
contaminación mundial, en nada le favorece. Según
estudios preliminares, la contaminación del maíz
mexicano la originó del maíz transgénico Bt.
Con la introducción de transgénicos existe la
posibilidad de crear "super-malezas" o cruces con variedades
silvestres, como el maíz y el teosinte. Hay numerosos ejemplos
de "super-malezas" como resultado de contaminación
genética, sobre todo en el cultivo de colza, usada por aceite
comestible. Muchos campesinos consideran el teosinte una "maleza",
pero si se incorporan genes resistentes a herbicidas o con propiedades
de insecticida, puede quedar fuera de control de los campesinos.
La postura del gobierno mexicano, pero sobre todo de algunos
funcionarios, ha sido lamentable. De acuerdo con la perspectiva de la
administración foxista sobre la visión de "modernizar" y
convertir el campo mexicano en competitivo a nivel mundial, los
campesinos e indígenas pobres salen sobrando, como se
manifiesta en el Plan Puebla-Panamá, que centra el objetivo en
grandes plantaciones de monocultivos con grandes capitales de las
transnacionales más poderosas del mundo. Es la
conversión a cultivos rentables al mercado internacional,
principalmente a los EU. Desde su punto de vista
empresarial-gubernamental, los transgénicos son la única
vía de desarrollo y modernización. El mismo gobernador
de Chiapas apoya e impulsa esta política siendo una correa de
transmisión de las políticas federales al campo. Lejos
estamos de ver, como en Brasil, que un gobierno y un pueblo decidan
declarar a su estado libre de transgénicos y se enfrenten a las
transnacionales que quieren controlar la producción y los
precios.
Por otro lado, el subsecretario de la SAGARPA, Víctor Manuel
Villalobos Arámbula, afirmó que "Estas organizaciones
que protestan [contra los transgénicos] viven de vender
terrorismo ecológico" (Reforma, 28 de agosto 2001). Pero como
sucede con los altos funcionarios al servicio de las empresas
transnacionales, como Enron y otras estadounidenses que convirtieron a
George Bush en presidente y a otros en legisladores, el
Dr. Villalobos, además de ocupar el puesto de subsecretario, es
consejero del "gigante genético" Grupo Pulsar que, junto con
sus subsidiarias Savia y Seminis (la compañía más
grande del mundo de semillas horti-frutícolas), es una empresa
mexicana que está impulsando la agricultura
biotecnológica para México y cuenta con grandes
inversiones en Chiapas. De hecho, Seminis es el líder mundial
de semillas de hortaliza. Por ello no es de extrañar las
actitudes de los funcionarios de gobierno vinculados a los intereses
económicos de las transnacionales, quienes deberían de
renunciar por representar un conflicto de intereses.
En el desmantelamiento del sector agrícola mexicano vía
privatización y el "dumping" (importación por debajo de
su precio) de maíz industrial de los EU está, en parte,
la raíz de la crisis agrícola en México. Las
importaciones de maíz arriba de la cuota establecida en los
propios reglamentos del Tratado de Libre Comercio con América
del Norte (TLCAN), viola dicho acuerdo, y no se cuenta con ninguna
respuesta jurídica por parte del gobierno mexicano. El
maíz de los EU es altamente subsidiado (costos de
producción, uso del agua, agrotóxicos y maquinaria), y
por eso se exporta a México y otros países a "bajo"
costo.
La amenaza de que México puede perder su mercado externo ya es
una realidad y está perdiendo aceleradamente su
soberanía alimentaria, sin embargo todavía se puede
rectificar antes de que sea demasiado tarde. La pérdida de la
seguridad alimentaria en México tiene más que ver con la
política, y no con la falta de nuevas tecnologías. En
pocas palabras, el futuro de 25 millones de campesinos (de los cuales,
el 75.2% vive en alta marginación) está en
peligro. México tiene la capacidad de aumentar su
producción de 6 millones de toneladas de maíz para
satisfacer el consumo nacional. Sin embargo, a raíz de la
contaminación genética del maíz Bt "Starlink" y
las políticas de prohibición de la importación de
transgénicos del Japón y la UE, al maíz no
transgénico de Brasil se le han abierto las puertas al mercado
externo (Reuters, diciembre 21 de 2001). De hecho, importadores
están pagando una premium de 6 a 7 dólares más
por tonelada de maíz en comparación al de los
EU. Así, el mercado internacional está dispuesto a pagar
un precio mayor por otros productos no transgénicos como es el
caso de la soja brasileña. Incluso, la demanda para forraje no
transgénico también ha aumentado en la Unión
Europea.
Y es que ante cualquier nueva tecnología, cualquiera que fuera,
es necesario tomar precauciones. Por ello, el "Principio de
Precaución" está reconocido como fundamento en el
implementación de cualquier nueva tecnología. De hecho
el principio esta incorporado en la Declaración de Río
sobre Medio Ambiente y Desarrollo (articulo 15) y el Protocolo de
Cartagena sobre bioseguridad. El principio también se ha
incorporado en legislación nacional en varios países,
como Canadá, Australia y Suiza. El director de la
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación (FAO) en México, Augusto Simoes
López, manifestó que hay que tratar con cautela las
semillas y productos transgénicos, y esperar entre 15 y 20
años para determinar que no tendrán efectos negativos en
la salud humana y en el medio ambiente. (La Jornada, Octubre 16 de
2001). Contrariamente, el subsecretario de Desarrollo Rural de la
Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural,
Pesca y Alimentación (Sagarpa), Antonio Ruíz
García, manifestó que "Los transgénicos tienen su
lado malo y bueno, pero lo que no podemos seguir permitiendo es que
México continúe perdiendo viabilidad frente al mercado
externo".
En lugar de aceptar estas supuestas nuevas tecnologías,
México debe invertir en el apoyo y respaldo a la
agroecología que empodere a los campesinos, y desvincule al
campo del sistema del mercado mundial y del uso de
agrotóxicos. Se debe promover la capacitación y rescate
del manejo integrado de pestes (MIP) para reducir el uso de los
agrotóxicos, y fortalecer la capacidad de comunidades
locales. México debe promover políticas que respeten las
costumbres, la alimentación y la cultura de los pueblos. Los
Acuerdos de San Andrés van más allá de los usos y
costumbre políticos o sociales, van a la sobrevivencia de los
pueblos indígenas que tiene sus fuentes de vida en la madre
tierra. También es necesario crear una programa real y viable
de soberanía alimentaria basada en el derecho de producir por
uno mismo. Hay que detener la importación de maíz
transgénico de los EU y llevar a cabo un diagnostico de todo el
país para determinar el nivel de contaminación e
implementar medidas inmediatas para remediar la contaminación
del maíz mexicano. Diversos sectores de la sociedad debieran
sumarse a la denuncia popular ante la Profepa; o hacer donaciones para
conseguir equipos de análisis de OGM's, que son costosos para
las comunidades indígenas, con el fin de que mantengan un
monitoreo permanente sobre las posibles contaminaciones
transgénicas.
Ryan Zinn
Fuentes: BioScience; Environmental Entomology; Science; Acción
Ecológica-FoE Ecuador, FOBOMADE; Pesticide Action Network; Nature
Biotecnology; INE-CONABIO; Department of Botany and Plant Sciences,
University of California; British Medical Association; Reuters;
La Jornada; Hilbeck,A.,W.J.Moar, M.Pusztai-Carey, A.Filippini,
and F.Bigler; FAO; RAFI; Molecular Ecology.Vol.8.;
www.i-sis.org/FoodborneIllnesses.php;
vm.cfsan.fda.gov/~dms/ds-tryp1.html;
revista Proceso; Reforma.
CIEPAC, A.C.
CIEPAC es miembro del Movimiento por la Democracia y la Vida (MDV) de
Chiapas; de la Red Mexicana de Acción Frente al Libre Comercio (RMALC;)
www.rmalc.org.mx; de la Convergencia de Movimientos
de los Pueblos de las Américas (COMPA;)
www.sitiocompa.org;
de la Red por la Paz en Chiapas; de la Semana por la Diversidad
Biológica y Cultural
www.laneta.apc.org/biodiversidad/;
y del Foro Internacional "Ante la Globalización, el Pueblo es
Primero", Alternativas contra el PPP
usuarios.tripod.es/xelaju/xela.htm.
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