A comienzos del año 2004 la empresa Syngenta lanzó una publicidad para uno de sus productos con un mapa en el que presenta "La república unida de la Soja". Allí, grandes territorios de Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia aparecen integrados bajo el común denominador del cultivo de soja. Esta metáfora brutal de la realidad de nuestros Estados nación podría confundirse con una crítica irónica de las organizaciones ecologistas; sin embargo, son las mismas corporaciones multinacionales las que se encargan de "refrescarnos la memoria" y mostrarnos claramente cuál es el mundo en el que vivimos y quiénes lo gobiernan.
En este nuevo mundo la soja aparece como emblema de un modelo que definitivamente excluye a la mayor parte de la humanidad y destruye nuestro entorno para dirigirse a producir mercancías para los pocos que tienen la oportunidad de participar de la última gran fiesta del capitalismo global. La soja es el mejor símbolo de este modelo de exclusión y mercantilización absoluta que nos está llevando a la ruina planetaria. Y los transgénicos han sido la herramienta a través de la cual se ha concretado esta terrible hazaña.
El modelo impuesto en todo el Cono Sur tuvo como punta de lanza la introducción de la soja transgénica resistente al glifosato a mediados de los años 90 en Argentina, y por esa vía logró extenderse en el resto de los países que ahora conforman la nueva "República". Los ejes sobre los que se desarrolla este modelo son simplemente una profundización de las bases sobre las que se desarrolló la Revolución Verde: monocultivo, uso intensivo de insumos agroquímicos, industrialización del campo, dependencia de las grandes corporaciones, cultivos para exportación. A esta base se le suma la utilización de la siembra directa que está absolutamente ligada al desarrollo de los transgénicos resistentes a herbicidas de los que la soja ha sido el primer ejemplo "exitoso".
Los impactos de este modelo no se han hecho esperar: ha generado, junto a otros factores, que Argentina vive una catástrofe social y ambiental sin precedentes y el fenómeno se está extendiendo rápidamente a los países vecinos. Veremos a continuación algunas de las características de este triste panorama:
Rápida extensión del cultivo de transgénicos
La expansión del cultivo de soja transgénica resistente al glifosato (Soja RR) en Argentina ha sido de las más rápidas en la historia de la agricultura para llegar en el presente a ocupar una superficie de 14.000.000 de hectáreas. Este desarrollo no tuvo ni un debate público ni una legislación que permitiera asegurar un control adecuado ni la aplicación del principio de precaución. A través de una simple norma ministerial se creo en 1991 la CONABIA (Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria) que es el órgano que asesora a las autoridades en cuanto a la liberación y comercialización de los OGM. La misma está constituida por miembros de organismos del Estado, de universidades y de empresas privadas (las mismas corporaciones que tienen intereses comerciales en la aprobación de semillas transgénicas). La Comisión no realiza estudios independientes y basa sus dictámenes en los informes que las mismas corporaciones presentan. Por supuesto que en la misma no hay representación de la sociedad civil en ninguna de sus expresiones (organizaciones campesinas, ecologistas o de consumidores).
Con esta endeble base (y sin que haya habido ningún avance en los últimos años) se produjo en 1995 la liberación comercial de la soja RR, que no ha detenido hasta el presente su expansión. El resultado ha sido un enorme "desierto verde" que recorre Argentina de norte a sur y de este a oeste.
Incremento de la exclusión social y el hambre en Argentina
El modelo de agricultura industrial conformado por el paquete soja RR-siembra directa-insumos agroquímicos utiliza escasísima mano de obra y por lo tanto no ha cesado de expulsar trabajadores rurales en la última década. En una entrevista reciente el Subsecretario de Agricultura de Argentina informaba que en la actualidad la producción de soja requiere de un trabajador rural por cada 500 hectáreas en producción. Por otro lado, el cultivo de soja ha desplazado a cientos de otras producciones locales (tambos lecheros, producción de frutas, producción de legumbres, etc) amenazando gravemente la seguridad alimentaria de nuestro pueblo y destruyendo completamente muchas economías regionales. Según las propias estimaciones de la Federación Agraria Argentina, desaparecen tres establecimientos por día en la Pampa Húmeda en el mismo año en que se logró la cosecha más grande de la historia.
Finalmente dado que la producción de soja está en manos de grandes pooles de siembra que la exportan durante los últimos años se ha producido una fuerte concentración de la tierra en manos de estos sectores poderosos de la economía. Hoy nos encontramos con un campo despoblado y con una agricultura sin agricultores en toda la región sojera.
Para colmo y frente a un panorama de 6 millones de personas que se halla por debajo de la línea de indigencia (esto es, no tienen ingresos suficientes para alimentarse adecuadamente), los grandes productores de soja proponen repartir entre los pobres las sobras del modelo: soja transgénica forrajera para consumo animal. Con la excusa del hambre, los impulsores de la campaña "Soja solidaria" buscan legitimarse ante la sociedad como "socialmente responsables" al donar el 1 por mil de su producción (30 mil toneladas por año) a los comedores comunitarios y escolares.
Crecimiento del uso de agroquímicos
Los efectos negativos en la salud y el ambiente por uso de agrotóxicos en la agricultura no resultan una novedad. Sin embargo, recientemente se han multiplicado las denuncias por casos de contaminación a lo largo del país, sobre todo, en pueblos y comunidades cercanas o rodeados por campos de soja transgénica. En Argentina, la expansión de la soja transgénica, que alcanza las 14 millones de hectáreas, no ha logrado evitar el proceso de contaminación y perjuicio de otras actividades agropecuarias que se ven afectadas por el uso del paquete tecnológico que se aplica en este cultivo (glifosato; 2,4 D1; paraquat; endosulfán; etc.).
Solamente para el glifosato, el incremento de su consumo en los últimos 4 años fue de 28 millones a 150 millones de litros.
Aunque se las ha tratado de minimizar, e incluso silenciar, las víctimas de esta contaminación silenciosa están protagonizando una lucha por dar conocer los hechos y poder así no sólo frenar los abusos que sufren, sino también despertar la conciencia de la sociedad en su conjunto.
Además, el uso intensivo y repetitivo del glifosato ya ha dado origen a nuevas "supermalezas" que alimentan el círculo vicioso de los agroquímicos.
Avance de la frontera agrícola
Extensísimos territorios de ecosistemas naturales sumamente frágiles están siendo destruidos para permitir el avance del cultivo de la soja con un enorme impacto negativo sobre la biodiversidad. El norte argentino está soportando una tasa de deforestación cinco veces superior al promedio mundial. El quebrachal en Santiago del Estero está siendo levantado como una alfombra por empresas de Córdoba y la zona pampeana que están extendiendo la frontera sojera allí. Bandera, Los Juríes, Sachayoj, Los Pirpintos, El Caburé, son zonas donde la actividad de las desmontadoras es constante.
Lo mismo ocurre en Salta donde la Provincia ha puesto a la venta las 16 mil hectáreas de tierras de la reserva provincial de Pizarro para ser desmontadas y destinadas al cultivo de soja, luego de desalojar a sus pobladores.
Control total de las semillas por las grandes corporaciones
El primer paso fue imponer los OGM, con la soja RR a la cabeza, en nuestro país y en los países vecinos (aún en aquellos que, como Brasil y Paraguay, los prohibían) a cualquier costo, fomentando la contaminación genética y haciendo la vista gorda a la "bolsa blanca". Una vez logrado ampliamente este objetivo ha llegado la hora de cobrar las ganancias y de "hacer cumplir la ley".
Allí es donde comienza la agresiva campaña que hoy estamos viviendo, en la que todos los artilugios son válidos para lograr su objetivo. Veamos cuáles son los mecanismos utilizados:
- La aplicación de regalías extendidas para cobrar a los agricultores que sigan sembrando semillas que ellos mismos cosechen. Estas regalías están vigentes aún cuando van en contra de lo que la Ley de Semillas establece (ver recuadro al pie).
- La extorsión lisa y llana con la amenaza de Monsanto de retirarse de Argentina, que no es más que una puesta en escena para presionar al gobierno para lograr los objetivos que siguen:
- La aplicación de regalías globales, que son un intento de comprometer aún más al gobierno en la complicidad con las grandes corporaciones.
Otra agricultura es posible
Cientos de organizaciones de la sociedad civil y organizaciones campesinas están convencidas de que otro modelo de agricultura es posible y trabajan conjuntamente en la búsqueda de una agricultura con agricultores, por alimentos sanos para todos y por el control social de los recursos naturales bajo la consigna TIERRA, TRABAJO Y SOBERANIA ALIMENTARIA.
Bibliografía Documentos del Foro de la Tierra y la Alimentación, http://www.biodiversidadla.org/article/archive/33/ Investigación sobre la transnacionalización de la agricultura y la alimentación, Informe de Argentina, Walter A. Pengue (2003)