CARTA ABIERTA A LOS PUEBLOS DEL MUNDO.

El domingo 5 de febrero se realizaron las elecciones nacionales en Costa Rica.
Estas mostraron un fortalecimiento del sentir ciudadano de nuestro pueblo, y su resistencia a la corrupción y a las políticas neoliberales que ha impulsado el bipartidismo en las dos últimas décadas. Parte del saldo que el bipartidismo ha dejado son tres expresidentes acusados de actos de corrupción, dos encarcelados, y otro que no se atreve a ingresar al territorio nacional.

El saqueo de lo público y la destrucción del estado social ha sido
propiciado por un bloque oligárquico que ha impulsado con gastos
millonarios una campaña para convencer a una población escéptica que se debe aprobar el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, que lesiona seriamente nuestra soberanía e instituciones nacionales. Es a estos intereses que respondió en esta contienda electoral la candidatura de Oscar Arias Sánchez, defensor a ultranza del TLC, quien demostró durante la campaña una actitud vertical y autoritaria, rehusando incluso debatir sus ideas con los demás candidatos a la presidencia. Debemos señalar, además, que la Constitución Política Costarricense prohíbe, expresamente, la reelección presidencial. Después de intentar en vano que la Asamblea Legislativa y la Corte Suprema de Justicia le eliminaran el escollo, finalmente Arias logró que su candidatura fuera bendecida con un voto favorable de 3-2 en la Sala Constitucional, en lo que el Expresidente Luis Alberto Monge,
del propio partido de Arias, denunció como un "golpe de estado
técnico". Para muchos costarricenses la imposición de la candidatura de Arias, mediante estos cuestionables métodos, no hace más que dividir a la población y crear antagonismos. Y no es la primera vez que Arias viola la Constitución. Durante su primer gobierno autorizó que la empresa Millicom compartiera la concesión de frecuencia radiofónica otorgada al Instituto Costarricense de Electricidad,
violando con ellos el Artículo 121 de la Carta Magna.

Con un derroche desproporcionado de recursos, el apoyo de las grandes medios comerciales de comunicación, diarios influyentes, y en general de sectores interesados en promover sus intereses económicos, se constituyó una candidatura que se quiso perfilar como "arrolladora". Incluso pocos días antes de la contienda, firmas encuestadoras y medios de prensa daban a Arias una supuesta ventaja de 12%. Sin embargo, el panorama cambió radicalmente al conocerse los resultados, y evidenciar que no sólo aumentó el abstencionismo (de 31 a 35%) sino que el número de votos del candidato del Partido Acción Ciudadana, Otón Solís, que se opone al actual TLC, igualaba al de Arias, y que
la diferencia entre ambos no superaba el 0,5%.

En el montaje de la campaña de Oscar Arias se ha querido aprovechar, de forma clara, el hecho de que en 1987 obtuvo el Premio Nobel de la Paz, en el contexto de la situación centroamericana. Esto puede contribuir a que se le quiera otorgar, en lo internacional, un matiz "progresista" a su figura. Queremos dejar claro, sin embargo, que esto, en las actuales condiciones, no es más que un recurso propagandístico. Oscar Arias representa a los sectores más poderosos del país que intentan desmantelar nuestras conquistas sociales y festinar los activos del estado, y su arma más moderna y nociva es el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.

Consideramos nuestro deber alertar a los pueblos del mundo acerca de esta situación, dada la evidente desinformación existente y la
posibilidad real de que se aprecien de manera superficial la actual coyuntura política costarricense.